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Colestasis intrahepática progresiva tipo 3. Una causa infrecuente de pancreatitis aguda recidivante.

Resumen

La colestasis intrahepática familiar progresiva (CIFP) es un grupo heterogéneo de trastornos con herencia autosómica recesiva que se caracteriza por la secreción defectuosa de ácidos biliares o de otros componentes de la bilis secundaria a alteraciones en las proteínas transportadoras de los mismos. Se han identificado alteraciones en el funcionamiento de tres transportadores de membrana distintos, cada uno de ellos asociados a la mutación de un gen concreto, dando lugar a los tres subtipos de CIFP. CIFP1 y CIFP2 suelen aparecer en los primeros meses de vida, CIFP3 suele aparecer más tarde, en la infancia, adolescencia o incluso en la edad adulta. Las manifestaciones clínicas incluyen colestasis, ictericia, prurito, colangitis o pancreatitis.

Cada vez es más frecuente atender a pacientes jóvenes con dolor abdominal y parámetros analíticos de colestasis y en algunas ocasiones tras realizar despistaje de enfermedad infecciosa, metabólica, autoinmune y exámenes radiológicos no se objetiva una causa concluyente. En este artículo se expone el caso de un paciente de 36 años que presentó cuadros de pancreatitis aguda de repetición en relación con un déficit parcial de multidrug resistance 3 p-glycoprotein (MDR-3). Se hace hincapié en esta entidad emergente en la literatura en los últimos años, con pocos casos descritos con esta forma de presentación concreta, ya que es una entidad con un elevado índice de respuesta a ácido ursodesoxicólico (UDCA).

Palabras clave: pancreatitis aguda, colestasis intrahepática familiar progresiva.

Abstract

Progressive familial intrahepatic cholestasis (PFIC) is a heterogeneous group of disorders with autosomal recessive inheritance pattern which is characterised by a defect in the secretion of bile acid or other bile components secondary to alterations in their transport proteins. These changes have been found in the function of three different membrane transporters, associated to the mutation of a specific gene in each case, which leads to the three subtypes of PFIC. PFIC1 and PFIC2 generally appear during the first months of life, whereas PFIC3 tends to appear later on, during infancy, adolescence or even in the adult stages. Clinical manifestations include cholestasis, jaundice, itching, cholangitis or pancreatitis.

It is increasingly common to see young patients with abdominal pain and analytical parameters of cholestasis. Sometimes, after a screening for infectious, metabolic or autoimmune disease and radiological tests, no conclusive cause can be found. This article presents the case of a 36-year-old man with symptoms compatible with recurrent acute pancreatitis associated with a partial deficiency in multidrug resistance 3 p-glycoprotein (MDR-3). Special emphasis is put on the coverage of this emerging entity in the literature over the last years, with few cases described with this specific form of presentation, since this is a condition with a high response rate to ursodeoxycholic acid (UDCA).

Keywords: acute pancreatitis, progressive familial intrahepatic cholestasis.

CORRESPONDENCIA

Héctor Miguel Marcos Prieto

Complejo Asistencial Universitario de Salamanca

Paseo San Vicente, 50-180. 37007 Salamanca.

h.mp@hotmail.es

Introducción

La colestasis intrahepática familiar progresiva (CIFP) es un grupo heterogéneo de trastornos con herencia autosómica recesiva que se caracteriza por la secreción defectuosa de ácidos biliares o de otros componentes de la bilis secundaria a alteraciones en las proteínas transportadoras de los mismos[1]. Se han identificado alteraciones en el funcionamiento de tres transportadores de membrana dependientes de ATP distintos, cada uno de ellos asociados a la mutación de un gen concreto, dando lugar a los tres subtipos de CIFP. Por lo tanto las manifestaciones clínicas incluyen colestasis de inicio temprano, ictericia, prurito, colangitis o pancreatitis y la gravedad dependerá del grado de déficit de la proteína transportadora, pudiendo llegar hasta la cirrosis y enfermedad terminal hepática antes de la edad adulta en la mayoría de los casos. La CIFP representa el 10-15% de los casos de colestasis neonatal y el 10-15% de los trasplantes hepáticos en niños[2], [3].

CIFP1 y CIFP2 suelen aparecer en los primeros meses de vida. El tipo más frecuente y grave en la infancia es la CIFP2 que está causada por mutaciones en el gen ABCB11 (cromosoma 2q24), encargado de sintetizar la proteína sister P-glycoprotein (SPGP), una ATPasa transportadora de sales biliares desde el hepatocito al canalículo biliar. Los lactantes afectados tienen un curso rápido y grave, con elevaciones importantes de los ácidos biliares séricos y prurito intratable, a veces coagulopatía debido a malabsorción de vitamina K. A pesar de la colestasis grave, las concentraciones de gamma glutamil transpeptidasa (GGT) son paradójicamente normales. Existen descritos colangiocarcinomas y hepatocarcinomas el primer año de vida y también recurrencia tras el trasplante[4]. La CIFP1 o enfermedad de Byler, algo menos frecuente y algo menos grave, es debida a la mutación en el gen ATP8B1 (cromosoma 18q21), responsable de sintetizar la proteína FIC1 (otra ATPasa de la membrana canalicular de colangiocitos y hepatocitos que se encarga de la translocación de los fosfolípidos ácidos a la luz de los ductos biliares). Las concentraciones de GGT en suero también son normales[5].

La CIFP3 suele aparecer más tarde, en la infancia, adolescencia o incluso en la edad adulta. Es debida a mutaciones en el gen ABCB4 (cromosoma 7q21), responsable de la síntesis de la proteína multidrug resistance 3 p-glycoprotein (MDR-3) de la membrana canalicular del hepatocito[6] que actúa como bomba dependiente de ATP liberando a los conductillos biliares fosfatidilcolina (transloca fosfatidilcolina de la membrana lipídica interna del canalículo biliar a la externa) y ésta permite formar junto con el colesterol y los ácidos biliares micelas mixtas. Si la fosfatidilcolina no se transloca, los ácidos biliares dañan la membrana canalicular, causando la destrucción progresiva de los pequeños ductos biliares[7], [8]. De forma característica, la CIFP3 asocia una marcada elevación de la GGT sérica, lo que la distingue de la CIFP1 y CIFP2[9]. En el caso que presentamos a continuación se describe un caso de CIFP3 en un varón joven cuya forma de presentación fueron pancreatitis agudas recurrentes, queriendo resaltar que ésta es una forma atípica de presentación con muy pocos casos similares comunicados en nuestro país[10].

Caso clínico

Se trata de un varón de 36 años sin antecedentes personales de interés, sin hábitos tóxicos y sin tratamiento farmacológico habitual. Había presentado un ingreso en Aparato Digestivo hacía nueve meses por pancreatitis aguda alitiásica con colecciones peripancreáticas en resolución y sin objetivarse una causa concreta. En los siguientes nueve meses acude al Servicio de Urgencias hasta en cuatro ocasiones por dolor abdominal en mesogastrio e hipocondrio derecho con alteraciones analíticas de colestasis disociada (GGT: 310 U/L; FA: 153 U/L; Bilirrubina total: 1,09 mg/dL; AST: 48 U/L; ALT: 86 U/L; amilasa, lipasa y triglicéridos séricos normales) sin otras alteraciones por lo que se pauta analgesia y se le da el alta hospitalaria. En esta última ocasión ingresa de nuevo con cuadro de dolor abdominal en epigastrio e hipocondrio derecho. En la analítica destaca hiperamilasemia de 416 U/L y persistencia de colestasis disociada con GGT: 372 U/L; FA: 135 U/L; Bilirrubina total: 0,89 mg/dL; AST: 19 U/L; ALT: 18 U/L). Los parámetros del hemograma, coagulación, reactantes de fase aguda, perfil tiroideo y férrico no mostraban alteraciones excepto triglicéridos 610 mg/dL. Autoinmunidad normal incluyendo IgG4. Virus hepatotropos negativos. Se realizaron ecografía abdominal, TAC abdominal, colangioRMN y ecoendoscopia sin apreciar hallazgos significativos, sin coletitiasis, coledocolitiasis ni dilatación de vía biliar. En esta ocasión fue entendido como pancreatitis aguda leve por hipertrigliceridemia, pero sin embargo este dato no se confirmó en ninguna otra analítica posterior ni previa y por este motivo finalmente la hipertrigliceridemia fue interpretada como un hallazgo incidental y puntual por falta de ayuno.

En este momento, reinterrogando al paciente, explica que su madre, que falleció joven en un accidente, había padecido algún tipo de patología biliar que no sabía precisar y al que tampoco le había dado importancia. Por este motivo y dada la sospecha de antecedentes familiares se solicita estudio genético. Se realiza un estudio molecular para el análisis de pequeñas deleciones/inserciones y mutaciones puntuales en la región codificante y los sitios de splicing del gen ABCB4. Se realiza amplificación mediante PCR de los exones así como de las regiones intrónicas flanqueantes de este gen, detectándose en heterocigosis un cambio de una adenina (A) por una guanina (G) (c.523A>G) que a nivel de la proteína produce, presumiblemente, el cambio del aminoácido treonina de la posición 175 por una alanina (p.Thr175Ala). Este cambio ya ha sido descrito previamente en la literatura como una mutación asociada a CIFP en adultos[11]. Por lo tanto se puede concluir que el paciente es portador heterocigoto del cambio patogénico c.523A>G en el gen ABCB4 compatible con el diagnóstico de CIFP3.

En ese momento se inició tratamiento con ácido ursodesoxicólico (UDCA) 12 mg/Kg/día, con normalización de los parámetros analíticos y actualmente (un año de seguimiento tras el diagnóstico) sin presentar nuevos episodios de dolor abdominal. De momento, no se han realizado estudios genéticos en familiares de primer grado.

Discusión

Cada vez es más frecuente atender a pacientes jóvenes con dolor abdominal y parámetros analíticos de colestasis y en algunas ocasiones tras realizar despistaje de enfermedad infecciosa, metabólica, autoinmune y exámenes radiológicos no se objetiva una causa concluyente. En este artículo se presenta el caso de un paciente de 36 años que presentó cuadros de pancreatitis aguda de repetición en relación con déficit parcial de la proteína MDR-3. Se han descrito más de 60 mutaciones distintas del gen ABCB4[12], presentándose tanto en homocigosis como heterocigosis, y desembocando en proteínas truncadas (nonsense mutation) o en proteínas subdesarrolladas o disfuncionales (missense mutation) que determinarán la gravedad del déficit[1]. Se ha relacionado este déficit con los siguientes síndromes: colestasis progresiva familiar tipo 3, low-phospholipid-associated cholelithiasis (LPAC), colestasis gestacional intrahepática, colestasis neonatal transitoria, hepatopatía inducida por fármacos, así como fibrosis y cirrosis en el adulto[13]. Además del ya mencionado aumento de la toxicidad de la bilis sobre los colangiocitos, el déficit de MDR-3 produce una bilis más litogénica, lo que provoca un aumento de la incidencia de cálculos, tanto a nivel de la vesícula como en la vía biliar intra y extrahepática[14]. En este sentido, además de la característica colestasis con elevación de la GGT en suero, la formación de cálculos puede provocar cólicos biliares de repetición con o sin coledocolitiasis y menos frecuentemente pancreatitis agudas recidivantes. En concreto, en el caso clínico presentado destaca la ausencia de litiasis biliar en las pruebas de imagen realizadas, por lo que el aumento de la densidad de la bilis o posibles microlitiasis no detectadas en dichas pruebas podrían ser los responsables y justificar los cólicos biliares y las pancreatitis de repetición.

Se hace hincapié en esta entidad emergente en la literatura en los últimos años con pocos casos descritos con esta forma de presentación concreta[10]. Es importante valorar esta posibilidad etiológica en pacientes jóvenes que presentan cólicos biliares de repetición una vez descartadas las causas más frecuentes, insistiendo durante la anamnesis en los posibles antecedentes familiares.

Son varios los motivos por los que debemos tener presente esta entidad. En primer lugar porque aproximadamente una tercera parte de los pacientes adultos con colestasis inexplicada tienen una mutación en un alelo del gen ABCB4[15]. Segundo, porque existen test genéticos que permiten confirmar el diagnóstico, evitando pruebas complementarias invasivas innecesarias con los riesgos asociados que conllevan. En tercer lugar por ser una enfermedad con un alto índice de respuesta a UDCA[1], un fármaco económico, bien tolerado y con escasos efectos secundarios. En cuarto lugar, porque pueden presentarse complicaciones graves en su evolución, en forma de cólicos biliares complicados, pancreatitis agudas recurrentes, cirrosis biliar o enfermedad hepática colestásica fibrosante en adultos con o sin síntomas biliares que se podrían prevenir con el tratamiento adecuado[13], [15], [16]. Y finalmente, porque dado su carácter genético, es posible el despistaje en familiares de primer y segundo grado que presenten clínica compatible[12].

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Leiomiosarcoma de vena cava inferior asociado a oncocitoma adrenal

Resumen

Los leiomiosarcomas son tumores que se originan en cualquier tejido que contenga fibras musculares como en tracto gastrointestinal, páncreas, hígado, arterias, senos nasales, etc[1].

El leiomiosarcoma primario de vena cava inferior es una neoplasia poco frecuente que se origina en las células del músculo liso de la pared vascular. Se han descrito unos 300-400 casos en la literatura mundial.

Los sarcomas son tumores de origen mesenquimal que afectan al retroperitoneo en un 15% de los casos. Un 28% de los sarcomas tienen su origen en células musculares lisas, de los cuales un 2% tienen origen vascular[2].

Los sarcomas representan un 1% de todos los tumores malignos, los leiomiosarcomas constituyen un 6% de todos los sarcomas y de todos los leiomiosarcomas un 2% son de origen vascular[3].

Se trata de una entidad infrecuente, el primer caso fue descrito por Perl en 1871 en una autopsia y el primer paciente intervenido fue en 1928[4].

Suelen ser tumores de mal pronóstico con alta tasa de recidiva.

El oncocitoma o adenoma oncocítico es un tumor benigno infrecuente, generalmente asintomático y de hallazgo incidental en la mayoría de los casos. Se producen en tejidos como el riñón, glándula tiroides y salivares y más raramente en la corteza adrenal[5].

Palabras clave: leiomiosarcoma, vena cava inferior, oncocitoma.

Abstract

Middle-aged woman diagnosed of lower vena cava tumor by percutaneous biopsy guided by CT scan. The histological analysis showed a grade I leiomyoma and possible left adrenal gland metastasis.

The inferior vena cava leiomyosarcomas are very rare neoplasms that are clinically insidious and are usually incidental. The first case went down in 1871 by Perl in an autopsy. Oncocytomas are very rare tumors, usually benign, although they may become malignant. Usually asymptomatic and not functioning.

Keywords: leiomyosarcoma, inferior caval vein, oncocytoma.

CORRESPONDENCIA

María Belén Rodríguez Sanz

Complejo Asistencial de Ávila

Avda. Juan Carlos I, s/n. 05071 Ávila.

brosanz@yahoo.es

Caso clínico

Mujer de 57 años de edad sin antecedentes de interés que consulta por ictericia, prurito y aparición de arañas vasculares progresivas en ambos miembros inferiores y en tercio inferior del abdomen.

En la exploración física presenta buen estado general, abdomen no doloroso, no se palpan masas ni visceromegalias. No ascitis. Arañas vasculares en la mitad inferior del abdomen y en los miembros inferiores.

En la analítica presenta aumento de los enzimas de colestasis y de GGT. Los marcadores tumorales CA 19,9:44,9, CEA 4,6, CA 12,5:10,4 y alfafetoproteína 4,9. Se solicita ecografía abdominal que informa de masa sólida en área portal de 7,7 cm con extensión extrahepática y obstrucción de la vía biliar intrahepática.

A la paciente se le realiza una AngioTAC en la que se identifica una masa heterogénea de 9,3×8,1×6,6 que comprime de forma oclusiva VCI en el segmento retrohepático la vía biliar principal. Aumento de la glándula suprarrenal con nódulo de 3×2 cm sugestivo de metástasis (Figura 1).

Figura 1

TAC corte axial (izquierda). TAC corte sagital (derecha).

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Se la practica una biopsia percutánea con diagnóstico de leiomioma grado I.

El tratamiento fue quirúrgico mediante laparotomía media en el que se palpa tumor que depende de vena cava inferior retrohepática que afecta la salida de ambas venas renales y llega hasta unos 3 cm de las venas suprarrenales, penetra en hígado por el plano hiliar y engloba la glándula suprarrenal derecha. Se realizó liberación del tumor del duodeno y páncreas, sección de ambas venas renales, sección de cava inferior infrahepática (cavectomía) a 1,5 cm de las venas suprahepáticas. Se efectuó anastomosis de la vena renal derecha a la vena cava inferior proximal, trisegmentectomia derecha de los segmentos V, VI y VII, extirpación glándula suprarrenal derecha y colecistectomía. Después de un año se hizo la suprarrenalectomía total izquierda con extirpación de conglomerado adenopático paraaórtico. Esta intervención no se realizó en la primera cirugía para prevenir la aparición de una insuficiencia suprarrenal aguda tras exéresis de ambas glándulas suprarrenales (Figura 2).

Figura 2

Figura 2A. Intervención quirúrgica: localización del tumor. Figura 2B. Ligadura de colaterales de vena cava.

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La anatomía patológica definitiva informó de leiomiosarcoma grado II con origen en vena cava inferior de 10x7x6 cm que infiltra tejido hepático. Oncocitoma suprarrenal izquierdo.

La paciente presentó recidiva ganglionar local con importante edema de MMII falleciendo 5 años después de síndrome de vena cava inferior y fallo multiorgánico.

Figura 3

Esquema de la intervención.

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Discusión

Los sarcomas de los grandes vasos son neoplasias muy raras que constituyen el 1% de todos los sarcomas[6]. Se clasifican en luminales o intimales y murales. Los tumores arteriales suelen ser neoplasias indiferenciadas que pueden crecer rápidamente y dar metástasis de forma precoz.

Los sarcomas que se originan en las venas son con mayor frecuencia leiomiosarcomas y la vena más comúnmente afectada es la vena cava inferior[7]. Son neoplasias de mejor pronóstico por su crecimiento lento a través de la luz del vaso afectado. Presentan crecimiento extraluminal, siendo más raro el crecimiento exclusivamente intraluminal[8].

Se diferencian tres tipos de leiomiosarcomas de vena cava inferior según la localización: superior (superior a la vena hepática), medio (entre la vena hepática y la vena renal) e inferior (debajo de las venas renales. La localización más frecuente es en segmento medio en un 44% de los casos.

Los leiomiosarcomas de VCI presentan síntomas inespecíficos como dolor abdominal, masa tumoral palpable abdominal o edemas en EEII. Pueden producir el síndrome de vena cava inferior que se caracteriza por edemas en extremidades inferiores, dilatación de venas superficiales colaterales de abdomen y proteinuria de rango nefrótico, este síndrome se produce sobre todo en los tumores de localización distal; los de localización proximal suelen producir el síndrome de Budd-Chiari. Nuestra paciente sólo presentaba ictericia y prurito con arañas vasculares abdominales y en MMII.

El diagnóstico de estos tumores se realiza por ecografía y TAC, no tienen datos radiológicos patognomónicos.

El tratamiento es la resección en bloque con exéresis completa del tumor. A veces se puede ligar la VCI por haber desarrollado circulación colateral o bien se efectúa la resección del segmento de vena tumoral y la colocación de una prótesis de PTFE anillada que resiste la compresión respiratoria, previene el colapso y disminuye el riesgo de trombosis. Nosotros debido al abundante desarrollo de circulación colateral se decidió sección de la vena y reimplantación de la vena renal derecha al extremo proximal de la cava inferior como se muestra en el esquema (Figura 5).

Figura 4
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Figura 5
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El tratamiento neoadyuvante con quimioterapia y radioterapia no está claro, actualmente se ha comprobado que la radioterapia intraoperatoria mejora el control local del tumor[9] a dosis de 1.000-2.000 cGy y disminuye el número de recidivas. El agente quimioterápico adyuvante más eficaz en este tipo de tumores es la adriamicina aunque no mejora la supervivencia.

La tasa de recurrencia varía entre 9-33%. El factor más importante para aumentar la supervivencia es conseguir obtener márgenes de resección libres de tumor. La tasa de supervivencia tras la resección radical del tumor R0 es del 28-49% a los 5 años[2] y del 29% a los 10 años.

El pronóstico depende de la localización, del grado histológico y la presencia de metástasis. Los factores de mal pronóstico son la afectación superior de la VCI, síntomas compresivos como edema en MMII, síndrome de Budd-Chiari, crecimiento intraluminal del tumor y la oclusión de la VCI[3], [9].

Los oncocitomas adrenales son tumoraciones muy raras, la mayor parte de ellos son no funcionantes. Son de tamaño variable con encapsulación fibrosa. La localización más frecuente es en el lado izquierdo como ocurre en nuestro caso. Predomina en el sexo femenino. Son de patogenia desconocida[10]. Estos tumores presentan numerosas mitocondrias en el citoplasma de las células tumorales y se debe realizar diagnóstico diferencial con el feocromocitoma que son positivos a la cromogranina A.

Los oncocitomas suelen ser benignos pero pueden malignizarse. Los criterios de malignización son la presencia de atipias, citoplasma eosinofílico mayor de 75%, arquitectura difusa mayor de 33%, presencia de necrosis, figuras mitóticas mayor de 5/50 campos, invasión capilar venosa sinusoidal. Se les considera malignos cuando presentan 4 o más criterios.

El tratamiento es quirúrgico con adrenalectomía laparoscópica o abierta.

Podemos concluir que los leiomiosarcomas de vena cava inferior y los oncocitomas son tumoraciones raras cuyo tratamiento debe ser siempre quirúrgico con extirpación radical del tumor y debemos hacer diagnóstico diferencial con otros tumores.

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Microbiota y obesidad

Editorial

La búsqueda continua de explicaciones para entender la fisiopatología de las enfermedades, desembarcó ya hace unos años en el mundo de la colonización del tubo digestivo por los diferentes microbios que hacen posible nuestra existencia, y sin los cuales no seríamos seres autónomos. Existen evidencias de que las alteraciones en la flora intestinal (disbiosis) son causa y no consecuencia de enfermedades en personas genéticamente predispuestas.

La compleja clasificación taxonómica de los seres vivos nos exige un esfuerzo adicional antes de ahondar en este tema. Las diferentes categorías taxonómicas van subclasificando a todos los seres vivos. De un dominio (término muy general, por ejemplo, las bacterias, las arqueas y eucariontes) vamos acotando en reino, filo o división, clase, orden, familia, género y finalmente la especie. Esto nos puede permitir entender el concepto de microbiota o conjunto de microbios que componen un determinado ecosistema, por ejemplo, nuestro tubo digestivo, nombrándolos por su nombre y todos sus apellidos.

El avance de la ciencia obligó a introducir nuevos términos como microbioma, referido al conjunto de genomas de estos microbios que componen un ecosistema, y que podemos analizar y estudiar con diferentes técnicas. Éstas incluyen la determinación del ARN ribosomal, metagenomas o metatranscriptomas, de las proteínas que expresan (metaproteómica) o sus metabolitos (metabolómica). El prefijo “meta” se refiere a su determinación en todo un ecosistema. Cada una de estas técnicas tiene ventajas e inconvenientes. Entre estos últimos destacan: el coste, la dificultad para realizar un censo completo, no solo porque existen casi 10 millones de genes en nuestro microbioma intestinal sino también por la imposibilidad de nombrar de forma completa aquellos que hemos detectado. Otro inconveniente es la incapacidad para discernir qué proteínas o metabolitos provienen de nuestra microbiota, de la dieta o simplemente generamos en calidad de anfitriones[1]. Por otro lado, se conoce que la composición de la microbiota se modifica de forma fisiológica en las diferentes etapas de nuestra vida, que depende de la dieta que tengamos y, que en un mismo individuo, varía a lo largo de los 30 m2 de superficie del epitelio intestinal, por lo que es importante analizar y comparar muestras similares, utilizando las heces en la gran mayoría de los estudios. En pacientes adultos sanos la microbiota bacteriana intestinal es estable y está dominada por los filos Bacteroidetes y Firmicutes, con menor proporción de otros filos como Actinobacteria, Proteobacteria y Verrucomicrobia. A nivel de especies, por el contrario, las proporciones varían de forma importante entre personas. Finalmente deberemos de ser cautos a la hora de extrapolar resultados obtenidos en estudios realizados en roedores.

En un futuro estas técnicas irán enterrando a las formas clásicas de estudiar a nuestros huéspedes, como son los cultivos convencionales o formas indirectas como evaluar en el aire espirado concentraciones de carbono, hidrógeno o metano tras la toma de un sustrato, pues en muchas ocasiones tienen valores predictivos bajos y poco fiables[2].

También se ha estudiado el papel de la microbiota en la obesidad, enfermedad cada vez más prevalente y de origen multifactorial. En diferentes estudios se han observado cambios tanto en la composición de la microbiota, con un aumento de la proporción entre el filo Firmicutes respecto al filo Bacteroidetes, como en su capacidad metabólica. El dominio más estudiado ha sido el de las bacterias aunque también se han implicado a las arqueas y eucariontes como las levaduras. Tras la cirugía bariátrica, la disminución en el peso y la grasa corporal, la mejora en la tolerancia a la glucosa y la resistencia a la insulina, ocurren de forma paralela al cambio en la microbiota y a su probable interacción con los ácidos biliares y hormonas gastrointestinales como GLP-1 y el péptido YY[3].

La Dra. Nistal y colaboradores[4] han revisado en dos poblaciones distintas, aunque cercanas, la microbiota intestinal de individuos obesos y no obesos, con una técnica semicuantitativa coste-efectiva como es la determinación en heces del 16S ARN ribosomal seguida de un análisis de pirosecuenciación. Los hallazgos, con cierta concordancia en ambas regiones, lo que da mayor validez al estudio, complementan lo aportado por otros trabajos acerca de la diferencia en la microbiota de individuos obesos frente a aquellos sin sobrepeso.

En dicho estudio se hace también referencia a aquella población obesa que además presenta un hígado graso no alcohólico (HGNA), uno de los marcadores del síndrome metabólico, que añade morbilidad a este tipo de pacientes. El hígado graso en esta población tiene una prevalencia claramente mayor que en la población general, aunque tampoco es sinónimo pues en poblaciones de obesos supermórbidos, hasta un tercio presentan un hígado sano[5]. El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado se ha relacionado con mayor grado de esteatosis[5],[6] y de aumento de la permeabilidad intestinal[6]. La presencia en la microbiota intestinal de un mayor número de bacterias del género Bacteroides (filo Bacteroidetes) y del género Ruminococcus (filo Firmicutes) se asocia con mayor grado de esteatohepatitis y de fibrosis hepática significativa, respectivamente[7]. Los pacientes obesos con HGNA tuvieron en el estudio de la Dra. Nistal diferencias estadísticamente significativas con respecto a los obesos sin HGNA en el porcentaje de bacterias del filo Firmicutes.

Estamos todavía en fases iniciales de la relación entre obesidad y microbiota intestinal, pero la capacidad para modularla con ciertas dietas, con la toma de probióticos, prebióticos, simbióticos, posbióticos, con una técnica de cirugía bariátrica o tras un trasplante de heces[8] abre expectativas terapéuticas en este tipo de pacientes en un futuro.

Dr. Francisco Domper Bardají

Departamento de Ciencias Médicas. Facultad de Medicina de Ciudad Real. Universidad de Castilla la Mancha. Servicio de Aparato Digestivo. Hospital General Universitario de Ciudad Real.

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Alteración de la microbiota intestinal asociada al desarrollo de obesidad en pacientes

Resumen

Introducción: la microbiota intestinal se considera uno de los nuevos factores clave que participan en la obesidad y en los trastornos metabólicos asociados. Los avances llevados a cabo en los últimos años respecto al papel que desempeña la microbiota intestinal plantean la posible utilidad de nuevas aproximaciones terapéuticas basadas en la modificación del microbioma intestinal.

Objetivo: comparar las comunidades de bacterias presentes en muestras fecales de 20 individuos sanos delgados y 53 pacientes obesos.

Métodos: amplificación de la región V3-V4 del ARNr 16S, seguido de un análisis de pirosecuenciación.

Resultados: el análisis estadístico determinó que el número de secuencias del filo Proteobacteria es superior en pacientes obesos que en los individuos control. También se mostraron diferencias significativas en el filo Firmicutes dentro del grupo de los pacientes obesos, asociadas a la existencia de enfermedad de hígado graso no alcohólico. En total se identificaron 617 géneros de bacterias observándose diferencias significativas en la proporción de varios géneros entre los pacientes obesos y los individuos control. La comparación de las comunidades de bacterias a nivel de género mediante un análisis de coordenadas principales indica que las comunidades de bacterias de los individuos control se agrupan de forma separada de las comunidades de bacterias de pacientes obesos. Además, en los pacientes obesos se observó una riqueza bacteriana mayor que en los individuos control.

Conclusión: estos resultados demuestran el papel de la disbiosis intestinal en el desarrollo de obesidad, así como la importancia de la modificación de la microbiota como posible alternativa terapéutica.

Palabras clave: obesidad, microbiota intestinal, pirosecuenciación, disbiosis.

Abstract

Introduction: the intestinal microbiota is considered one of the new key factors involved in obesity and associated metabolic disorders. The advances made in recent years regarding the role of the intestinal microbiota raise the potential utility of new therapeutic approaches based on the modification of the microbiome.

Objetive: to compare the bacterial communities present in fecal samples from 20 healthy lean individuals and 53 obese patients.

Methods: amplification of the 16S rRNA V3-V4 region, followed by a pyrosequencing analysis.

Results: statistical analysis determined that the number of sequences of the phylum Proteobacteria was higher in obese patients than in control individuals. Significant differences were also shown in the phylum Firmicutes within the group of obese patients, associated with the existence of non-alcoholic fatty liver disease. A total of 617 bacterial genera were identified, with significant differences in the proportion of several genera between obese patients and control subjects. Comparison of bacterial communities at the genus level by a principal coordinate analysis indicated that the bacterial communities of the control individuals were grouped separately from the bacterial communities of the obese patients. In addition, in obese patients a higher bacterial richness was observed than in control individuals.

Conclusions: these results demonstrate the role of intestinal dysbiosis in the development of obesity, as well as the importance of modifying the microbiota as a possible therapeutic alternative.

Keywords: obesity, intestinal microbiota, pyrosequencing, disbiosis.

CORRESPONDENCIA

Esther Nistal

Complejo Asistencial Universitario de León.

Altos de Nava s/n. 24071 León.

esthernistal@hotmail.com

Introducción

La obesidad es actualmente uno de los principales problemas de salud pública, debido a su creciente prevalencia, y se asocia a otras enfermedades como la resistencia a la insulina, la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD) o el síndrome metabólico[1]. El desarrollo de la obesidad está determinado por una compleja interacción entre factores genéticos, ambientales, culturales, sociales y el gasto energético, el cual está altamente influenciado por el nivel de actividad física de cada individuo[2]-[5]. Recientemente, la microbiota intestinal ha pasado a ser considerada como uno de los nuevos factores clave que participan en la obesidad y en los trastornos metabólicos asociados. De hecho, se ha demostrado que ratones carentes de microbiota intestinal son resistentes a desarrollar obesidad, esteatosis y resistencia a la insulina inducida por una dieta rica en grasa[6], [7]. Por otro parte, también se ha confirmado la capacidad de la microbiota intestinal de asimilar nutrientes, así como su participación en la regulación de genes encaminados a favorecer el almacenamiento lipídico en el tejido adiposo y en el hígado[8], lo que podría explicar en parte dicho efecto sobre el peso y su relación con el desarrollo de síndrome metabólico y de hígado graso no alcohólico[9], [10]. Además, se han mostrado cambios en la composición de la microbiota intestinal tanto en animales como en pacientes humanos obesos en comparación con individuos delgados[11]. La mayoría de los estudios han reflejado un descenso relativo en la abundancia de filo Bacteroidetes frente un incremento en el filo Firmicutes asociado a la población obesa, así como un descenso en la diversidad bacteriana en dichos pacientes[12], [13]. Sin embargo, estos hallazgos están sujetos a una gran controversia por lo que no se pueden generalizar[14], [15].

Los tratamientos tradicionales basados en dietas hipocalóricas y el aumento de la actividad física han tenido cierto éxito en el control de la obesidad. Sin embargo, por lo general estas estrategias dan lugar a reducciones de peso limitadas y temporales, lo que justifica el planteamiento de nuevos enfoques terapéuticos como podría ser la modulación de la microbiota intestinal. Estas estrategias incluyen la administración de prebióticos que estimulan el crecimiento y/o la actividad metabólica de las bacterias beneficiosas o el aporte de probióticos en forma de alimentos funcionales y/o suplementos[16]-[18]. Asimismo, recientemente se ha propuesto la utilidad del trasplante de microbiota intestinal como mecanismo terapéutico[19]. Por todo ello, el objetivo del presente estudio fue comprobar la relación existente entre una determinada riqueza y diversidad de la microbiota intestinal y la presencia de un fenotipo metabólico concreto, comparando dicha microbiota en individuos sanos frente a obesos y a su vez dentro de estos últimos, considerando las diferencias asociadas al desarrollo de síndrome metabólico y su manifestación hepática, la enfermedad de hígado graso no alcohólico.

Material y métodos

Pacientes y muestras fecales

Se recogieron muestras fecales de pacientes obesos adultos (rango de edad entre 20 y 60 años) procedentes de los Servicios de Aparato Digestivo del Complejo Asistencial Universitario de León (CAULE) y del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. 73 sujetos fueron incluidos en este estudio, distribuidos en 53 pacientes obesos (30 pacientes obesos de León y 23 pacientes obesos de Santander) y 20 individuos sanos control (10 individuos sanos de León y 10 controles de Santander). Todos los pacientes fueron caracterizados en detalle desde un punto de vista demográfico (edad, sexo y raza), con un número equivalente de hombres y mujeres dentro de la muestra total. También se les analizó desde un punto de vista antropométrico (índice de masa corporal y perímetro de cintura y cadera) y bioquímico plasmático (glucosa, creatinina, insulina, colesterol total, LDL y HDL, triglicéridos y enzimas hepáticas). Asimismo, se comprobó la resistencia a la insulina utilizando el modelo homeostático (HOMA-RI). En todos los sujetos del estudio se determinó de modo semi cuantitativo la existencia de esteatosis mediante la realización de una ecografía abdominal y se valoró la presencia de fibrosis con la realización de elastometría de transición (Fibroscan) y en algunos casos seleccionados, en función de los requerimientos clínicos, se practicó una biopsia hepática, que confirmó la presencia de esteatosis y/o fibrosis. Todos los pacientes fueron seronegativos para el virus de la Hepatitis B, virus de la Hepatitis C y virus de la inmunodeficiencia humana.

En el caso de los individuos control, las muestras fecales fueron obtenidas a partir de individuos voluntarios sanos sin sobrepeso que no presentaban enfermedades diagnosticadas, ni síntomas de enfermedades digestivas conocidas en el momento de la toma de las muestras. La recepción de las muestras fecales se llevó a cabo en ambos complejos hospitalarios por parte del personal del Servicio de Aparato Digestivo. Los pacientes llevaron las muestras a temperatura ambiente en un recipiente estéril que se le proporcionó en el mismo hospital días previos a la recogida. Una vez recogidas, las muestras fecales fueron homogeneizadas, alicuotadas y congeladas (-80ºC) en un tiempo no superior a 3 horas tras la defecación. Ninguno de los individuos incluidos en el estudio fue tratado con antibióticos durante al menos un mes antes de la toma de las muestras. En todos los casos se obtuvo el consentimiento informado de todos los pacientes incluidos en el estudio a la toma de muestras. Así mismo, se solicitó la aprobación de los protocolos de estudio por parte de la Comisión de Ética de ambos hospitales.

Extracción de ADN de las muestras fecales

La extracción de ADN genómico se llevó a cabo a partir de 200 mg de las diferentes muestras fecales empleando el kit QIAamp DNA Stool Mini (Qiagen, Hilden, Germany) siguiendo el protocolo que aporta el kit, con alguna modificación. Se incluyó un paso previo de lisis mecánica empleando perlas de vidrio (0,7 mm) durante diez minutos y la temperatura de lisis se incrementó para así facilitar la extracción de ADN de células bacterianas difíciles de lisar. La concentración de ADN extraído de cada una de las muestras fue determinada empleando el espectrofotómetro NanoDrop ND-1000 y se almacenó a -20ºC hasta su amplificación.

Amplificación mediante PCR del 16S rDNA

A partir del ADN extraído de cada una de las muestras fecales, se llevó a cabo una reacción de PCR empleando cebadores universales correspondientes a las regiones V3-V4 del ARN ribosomal 16S. Como primer forward se empleó el cebador 5’tcgtcggcagcgtcagatgtgtataagagacagCCTACGGGNGGCWGCAG3’ y como primer reverso, el cebador: 5’gtctcgtgggctcggagatgtgtataagagacagGACTACHVGGGTATCTAATCC3’20. Dichos cebadores llevan acoplados al extremo 5’ un adaptador específico (indicado en letras minúsculas) para la posterior secuenciación con el sistema MiSeq de Illumina. Las condiciones de PCR empleadas fueron 3 min a 95ºC, seguido de 25 ciclos de 30 segundos a 95ºC, 30 segundos a 55ºC y 30 segundos a 72ºC, y una extensión final a 72ºC durante 5 minutos. Cada mezcla de reacción (25 μl) contenía 50 ng de ADN genómico, 0,5 μl del primer forward (0,2 μM), 0,5 μl de primer reverso (0,2 μM) y 12,5 μl de 2x KAPA HifiHotStart Ready Mix (Kapa Biosystems, Wilmington, MA, USA). Por cada individuo se llevaron a cabo 3 reacciones de PCR que se mezclaron y posteriormente se purificaron empleando el kit comercial Wizard® SV Gel and PCR Clean-Up System (Promega, Madison, WI, USA).

Pirosecuenciación con MiSeq System de Illumina

La mezcla de productos de PCR purificados se envió al servicio de pirosecuenciación de la Universidad de Cantabria donde se empleó el secuenciador MiSeq (Illumina). En la secuenciación se añadieron índices a las muestras para poder analizarlas de forma simultánea, y asignar cada lectura a la muestra de la que procedía.

Análisis bioinformático y estadístico

Para el análisis de los datos se empleó la aplicación 16S Metagenomics Basespace en el portal online de Illumina (https://basespace.illumina.com/home/index). Esta aplicación proporciona un flujo de trabajo específico para las secuencias del ARN ribosomal 16S de la subunidad pequeña de los ribosomas. Incluye el filtrado de las secuencias por su calidad, asignación de las lecturas a cada muestra a partir de los índices, eliminación de cebadores, ensamblado de las secuencias a partir de las lecturas en los sentidos directo e inverso. La aplicación también permite la clasificación taxonómica de las secuencias utilizando la herramienta Classifier del RDP (Ribosomal Database Proyect, http://rdp.cme.msu.edu/index.jsp) utilizando como referencia la base de datos de secuencias 16S del Greengenes (Mayo, 2013) y la asignación de las secuencias a OTUs (Unidades Taxonómicas Operacionales) con la herramienta Clustering (también del RDP) utilizando una identidad mínima del 97%.

Con el objeto de comparar las diferentes comunidades de bacterias estudiadas presentes en el colon de individuos con normopeso y pacientes obesos se hizo un análisis estadístico utilizando los paquetes estadísticos SPSS versión 22.0 para Windows y R, en este último caso utilizando el paquete Vegan, programado para el análisis específico de comunidades ecológicas (http://cran.r-project.org/web/packages/vegan/index.html). En todos los casos los valores de p inferiores a 0,05 en los test estadísticos se consideraron significativos. También se ha determinado la riqueza de las comunidades de bacterias estudiadas basándose en el número de filotipos u OTUs presentes mediante un análisis de rarefacción, empleando también el paquete Vegan.

Resultados

Composición de las comunidades de bacterias a nivel de filo

Se obtuvo un total de 19.683.256 secuencias mediante un análisis de pirosecuenciación a partir de 73 muestras fecales con una media de 269.634 ± 145.866 secuencias por muestra. Cada librería contenía entre 41.604 y 999.815 lecturas. La mayoría de las secuencias identificadas a partir de las muestras fecales se clasificaron dentro de tres filos. Los filos Firmicutes (46%) y Bacteroidetes (45%) fueron los más representativos, seguidos por el filo Proteobacteria (4%) que aparece en menor proporción. Estos tres filos representan más del 90% de las secuencias analizadas. La figura 1A muestra la composición relativa de bacterias a nivel de filo para ambos grupos, control y obeso. El análisis estadístico mostró diferencias significativas asociadas a la obesidad en el filo Proteobacteria (p<0,05; prueba U de Mann-Whitney) respecto a los individuos control (Figura 1B). Asimismo, cabe destacar la existencia de diferencias significativas dentro del filo Firmicutes entre pacientes obesos con NAFLD y sin NAFLD (p<0,05) (Figura 1B). Sin embargo, no se encontraron diferencias significativas en el ratio Firmicutes/Bacteroidetes entre pacientes obesos e individuos control.

Figura 1

A) Diagrama sectorial mostrando la distribución de los filos bacterianos en muestras fecales de individuos control y pacientes obesos. En cada sector se indica el porcentaje correspondiente de cada uno de los filos. B). Box plot reflejando las principales diferencias significativas a nivel de filo mediante el Test U de Mann-Whitney (p<0,05).

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Composición de las comunidades de bacterias a nivel de género

El análisis filogenético de las secuencias determinó la presencia de 617 géneros de bacterias conocidas a partir de muestras fecales de pacientes obesos e individuos control. En la figura 2 aparecen representados los géneros que presentaban más de 1.000 secuencias, mientras que la detección del resto de los géneros tuvo lugar en menor proporción. La mayoría de las secuencias pertenecieron a los géneros: Bacteroides, Prevotella, Blautia, Faecalibacterium, Clostridium y Oscillospira (Figura 2).

Figura 2

Número medio de secuencias de los géneros bacterianos conocidos encontrados en las muestras fecales de individuos control y pacientes obesos. Los géneros representados en la gráfica mostraron más de 1.000 lecturas.

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El número de secuencias de Blautia, Oscillospira, Flavobacterium, Alkaliphillus y Eubacterium fue menor en pacientes obesos que en individuos control. El Test U de Mann-Whitney indicó que estas diferencias fueron significativas (p<0,05) en función del diagnóstico de obesidad. Por el contrario, el número de secuencias de Prevotella, Megasphaera, Lactobacillus, Meganomas y Acidaminococcus reveló un incremento significativo en pacientes obesos (p<0,05) (Figura 3).

Figura 3

Box plot representando las principales diferencias a nivel de género entre los individuos control y los pacientes obesos en función del diagnóstico empleando el Test U de Mann-Whitney (p<0,05).

imagenes/ori1_fig3.jpg

Riqueza de las comunidades de bacterias

Se estudió la riqueza bacteriana en los pacientes obesos y en los individuos control de ambas localizaciones geográficas. El análisis de riqueza bacteriana en la provincia de León mostró la presencia de 182,82 ± 22,87 OTUs en los individuos control y 249,86 ± 27,41 OTUs en pacientes obesos. Resultados similares se obtuvieron a partir de las muestras fecales de la provincia de Santander. En los individuos control la riqueza bacteriana (178,42 ± 31,22 OTUs) fue inferior a la detectada en los pacientes obesos (232,52 ± 53,76 OTUs). Respecto a los individuos control, las muestras fecales de Santander presentaron una riqueza bacteriana menor que la correspondiente a los individuos control procedentes de León. Resultados similares se observan en los pacientes obesos. El análisis estadístico mostró que existían diferencias significativas en la riqueza bacteriana entre los dos grupos, con normopeso y obesos, tanto en conjunto como considerando ambas localizaciones geográficas por separado (p<0,05) (Figura 4).

Figura 4

Comparación de la riqueza bacteriana entre individuos control y pacientes obesos en ambas localizaciones geográficas. Las flechas entre las columnas representan las diferencias significativas que existen entre las comunidades bacterianas determinadas mediante el Test U de Mann-Whitney (p<0,05).

imagenes/ori1_fig4.jpg

Análisis comparativo de las comunidades de bacterias

Una vez estudiada cada comunidad de bacterias en cuanto a su composición, seguidamente se midió la diversidad Beta en las muestras fecales tanto de individuos control como de pacientes obesos con el fin de determinar si existían diferencias en la composición global de las comunidades de bacterias entre los dos grupos.

Se realizó un Análisis de Coordenadas Principales (PCoA) basado en el índice de desemejanza Chao (este índice es cualitativo, considera la presencia de OTUs comunes o diferentes en las comunidades comparadas) con el objetivo de estudiar los factores que explican la variación entre las distintas comunidades de bacterias (procedentes de 20 individuos control y 53 pacientes obesos). La figura 5 muestra que las comunidades de bacterias de los individuos control se agrupan de forma separada respecto a las comunidades de pacientes obesos en función del eje 1 que explica un 3,75% de la varianza total en el PCoA. Algunas comunidades de bacterias de los pacientes obesos se encuentras dispersas a lo largo de este eje. El resto de los ejes explican una proporción de la varianza relativamente bajo y no aportó información acerca de la variación de las comunidades.

Discusión

Durante décadas, el estudio de la microbiota bacteriana que forma parte del ecosistema intestinal se ha realizado a través de técnicas clásicas obteniendo cultivos puros. Sin embargo, muchas de las bacterias no se cultivan fácilmente en el laboratorio[21], por lo que es necesario recurrir al empleo de las técnicas moleculares para obtener una idea más detallada de la composición de la microbiota intestinal. El avance más reciente en el desarrollo de estas técnicas es la “metagenómica” que permite el análisis rápido de comunidades microbianas presentes en un determinado nicho ecológico, obteniendo un rendimiento mayor de lo que anteriormente era posible[22]. Durante los últimos años, varios proyectos han intentado mediante estas técnicas descifrar la estructura y funcionalidad de la microbiota intestinal humana, así como su relación con determinadas enfermedades gastrointestinales[23]-[27]. Esto ha permitido considerar a la microbiota intestinal como un nuevo factor implicado en la regulación del peso corporal y las enfermedades asociadas a la obesidad[28].

En este estudio, la composición y la diversidad de las comunidades de bacterias presentes en muestras fecales de individuos sanos con normopeso y pacientes obesos se han realizado mediante una de las técnicas más resolutiva de secuenciación de alto rendimiento, la pirosecuenciación. Los resultados han mostrado que la mayoría de las secuencias identificadas a partir de las muestras fecales tanto en individuos control como en pacientes obesos pertenecen principalmente a los filos Firmicutes, y Bacteroidetes, y en menor proporción al filo Proteobacteria. En varios trabajos se ha observado que los pacientes obesos presentan un incremento del filo Firmicutes y una reducción del filo Bacteroidetes con respecto a los individuos delgados[29]-[32]. Sin embargo, en nuestras muestras no se han encontrado diferencias significativas en la frecuencia relativa de los filos Firmicutes y Bacteroidetes entre pacientes obesos e individuos control, mientras que si se encontraron diferencias significativas asociadas al filo Proteobacteria. Los pacientes obesos presentan una frecuencia relativa mayor de este filo que los individuos control, permitiendo asociar este filo como un posible marcador asociado a la obesidad. Resultados similares con relación a este filo han sido obtenidos tanto en humanos como en ratones[33]-[35]. Esta discrepancia en los resultados a nivel de filo sugiere que el estudio de la composición de la microbiota intestinal podría estar asociado a varios factores como los criterios de selección de los pacientes, la dieta, la evolución de las técnicas moleculares, los diferentes métodos de extracción de ADN de las muestras, los métodos de amplificación y/o las tecnologías de secuenciación[36], [37].

Estudios previos han mostrado cambios en la composición de la microbiota intestinal entre pacientes obesos y no obesos y la existencia de determinados géneros o especies significativamente asociados con cada grupo[38], [39]. En nuestro estudio, además de observar cambios a nivel de filo, también se han encontrado diferencias en la proporción de determinados géneros bacterianos dentro de la microbiota de pacientes obesos con respecto a los individuos control, además de una riqueza bacteriana observada mayor en los pacientes obesos. Géneros como Blautia, Oscillospira, Flavobacterium, Alkaliphillus y Eubacterium fueron detectados en menor proporción de manera significativa en los pacientes obesos con respecto a los individuos control. Mientras que, por el contrario, los géneros Prevotella, Megasphaera, Lactobacillus, Meganomas y Acidaminococcus aparecían significativamente incrementados en pacientes obesos. La elevación de la concentración de bacterias pertenecientes al género Lactobacillus en pacientes obesos ya ha sido previamente descrita, lo que podría indicar un posible papel del género Lactobacillus sobre la ganancia de peso y la obesidad[40]-[42]. Otros géneros que también han mostrado resultados similares en distintos estudios y que podrían estar asociados a la patogénesis de la obesidad son Prevotella y Megamonas[39], [43]. Estos resultados demostrarían que no hay única bacteria implicada en la patogénesis de la obesidad, sino la existencia de una disbiosis intestinal. Sin embargo, una de las principales cuestiones que se plantean es si los cambios en la microbiota intestinal preceden al desarrollo de obesidad o si por el contrario son una consecuencia de dicho fenotipo. En este estudio, las comunidades de bacterias de los individuos control se agrupan de forma separada de las comunidades de pacientes obesos, lo cual determina a la obesidad como un factor importante en la agrupación de las comunidades de bacterias, justificando así la relación entre la composición de la microbiota intestinal y la obesidad.

En conclusión, estos resultados muestran una disbiosis intestinal, fundamentalmente observada a nivel de género, implicada en el desarrollo de obesidad, justificando así la importancia de la modulación de la microbiota intestinal como posible alternativa terapéutica para la prevención y el tratamiento de esta enfermedad.

Reconocimientos

Este trabajo ha sido financiado por los proyectos del Ministerio de Economía y Competitividad/FEDER (BFU2013-48141-R), de las Consejerías de Sanidad (LEU35U13) y de Educación de la Junta de Castilla y León y Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) (LE063U16) y de la Gerencia Regional de Salud de la Junta de Castilla y León (GRS 1428/A/16). CIBERehd está financiado por el Instituto de Salud Carlos III. Esther Nistal, Maite Arias-Loste y Begoña Álvarez recibieron la Beca ACAD 2015 para la realización de dicho trabajo.

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Paniculitis mesentérica: ¿un diagnóstico trivial?

Resumen

Introducción: la paniculitis mesentérica (PM) es una enfermedad inflamatoria crónica del tejido adiposo mesentérico. Aunque su etiología es desconocida, se ha relacionado con múltiples factores que incluyen las neoplasias. Este estudio descriptivo examina las características de los pacientes diagnosticados de PM en nuestro hospital.

Métodos: se trata de un estudio retrospectivo de los datos obtenidos a partir de las historias clínicas de los pacientes diagnosticados de PM desde enero de 1994 hasta diciembre de 2014. Se describió la enfermedad e intentamos identificar los factores que se asociaban con malignidad.

Resultados: 103 pacientes fueron diagnosticados de PM. La media de edad fue 66 años con un pequeño predominio de varones. 36% fueron asintomáticos al diagnóstico. Entre los que presentaron síntomas, el dolor abdominal fue el más frecuente. Las neoplasias fueron detectadas en 26 pacientes (25%), siendo el linfoma y el cáncer colorrectal las más frecuentes (11 y 8 pacientes respectivamente). Otras enfermedades asociadas fueron condiciones que asocian inflamación abdominal (17,4%), cirugía abdominal previa (17,4%) y enfermedades reumatológicas (5,8%). 35 casos (34%) fueron idiopáticos. Ninguna variable se asoció con malignidad.

Conclusión: la PM se relacionó con malignidad en un 25% de los casos, siendo el linfoma y el cáncer colorrectal los más frecuentes. Se consideró idiopática en un 34% de los casos. Son necesarias series más largas y estudios prospectivos para esclarecer la relevancia de la PM y su asociación con malignidad. Lejos de ser un diagnóstico trivial, el hallazgo de la PM debe alertar al médico de su potencial naturaleza paraneoplásica.

Palabras clave: paniculitis mesentérica, cáncer colorrectal, tumores hematológicos.

Abstract

Background: mesenteric panniculitis (MP) is a chronic inflammatory disease of the adipose tissue of the intestinal mesentery. Although its etiology remains unclear, MP has been related to many factors including malignant diseases. This descriptive study examines the characteristics of patients diagnosed with MP at our hospital.

Methods: this was a retrospective study of epidemiological and clinical data obtained from the medical records of all patients diagnosed with MP from January 1994 to December 2014. Based on these data, we describe the disease and try to identify factors linked to malignancy through multivariate analysis.

Results: over the study period, 103 patients were diagnosed with MP. Mean patient age was 66 years and there was a slight predominance of men. 36% were asymptomatic at the time of diagnosis. Among those with symptoms, abdominal pain was the most frequent. Malignancies were detected in 26 patients (25%), lymphoma and colorectal cancer appearing with greatest frequency (in 11 and 8 patients respectively). Other associated diseases were abdominal inflammatory conditions (17,4%), previous abdominal surgery (17,4%), and rheumatic diseases (5,8%). 35 cases (34%) were considered idiopathic. No variable could be linked to a diagnosis of malignancy.

Conclusion: in 25% of the study population, MP was related to malignancy, mostly lymphoma and colorectal cancer. In 34%, it was idiopathic. Descriptions in larger patient series and prospective studies are required to clarify the significance of MP and its relationship with malignancy. Far from being trivial, a diagnosis of MP should alert physicians of its potential paraneoplastic nature.

Keywords: mesenteric panniculitis, colorectal cancer, hematological malignancies.

CORRESPONDENCIA

Nerea Hernanz Ruiz

Hospital Universitario Ramón y Cajal. Madrid.

nerea_h_r@hotmail.com

Introduction

Mesenteric panniculitis (MP) is a rare, chronic inflammatory disease that affects the adipose tissue of the intestinal mesentery. According to the different histopathological patterns it presents, other terms such as mesenteric lipodystrophy, sclerosing or retractile mesenteritis are used to describe MP[1]. Its prevalence has been estimated at 0,6%, though its specific etiology and clinical significance remain unknown[2], [3]. MP has been related to many factors such as abdominal trauma (including surgery), rheumatic diseases or abdominal inflammatory diseases (pancreatitis, diverticulitis, inflammatory bowel disease), and a strong relationship has been reported with malignant disorders[2]-[6]. Presentation symptoms vary widely from no symptoms to abdominal pain, abdominal mass, constitutional symptoms, or obstruction signs, among many others. Its diagnosis is usually based on imaging studies and is often incidental. Several treatments have been proposed with no established consensus including no treatment, pharmacological treatment or surgery[6].

This study sought to describe a cohort of patients diagnosed with MP at our center over a 20 year period (1994-2014) and to identify any possible variables associated with malignancy.

Methods

The setting for our study was the Gastroenterology Unit of the teaching hospital Hospital Universitario Ramón y Cajal, which serves approximately 650.000 inhabitants of Madrid. Data were retrieved from the hospital database corresponding to all patients diagnosed with MP from january 1994 to december 2014.

The diagnosis of MP was based on computerized tomography (CT), magnetic resonance (MR) or on histological findings after surgery. The CT or MR diagnosis of MP required that patients met 3 out of 5 criteria: (a) a well-defined fatty mass at the root of the intestinal mesentery displacing neighboring structures; (b) higher attenuation of this mass than that of retroperitoneal or subcutaneous fat tissue; (c) lymph nodes within this fatty mass; (d) hypodense halo surrounding blood vessels and nodes; (e) hyperdense pseudocapsule enveloping mesenteric fat and lymph nodes within it. Images for each patient were reviewed by a radiologist to confirm the presence of MP. Clinical data were compiled from the patients’ clinical records.

Standard statistical tests were used to describe qualitative and quantitative variables. Possible relationships between patient variables and a diagnosis of malignancy were assessed through uni- and multivariate analysis. Significance was set at 0,05. All statistical tests were performed using the software package SPSSv 15.0. (SPSS Inc., Chicago, IL, USA).

Results

Over the 20-year study period, 103 patients were diagnosed with MP at our hospital. Mean patient age at diagnosis was 66 years (range, 17-88 years). There was a slight predominance of affected men (55%). The different departments where the diagnoses were made were Internal Medicine (38%), Gastroenterology Unit (34%), Surgery (21%), and other (7%).

As many as 37 patients (36%) showed no symptoms at the time of diagnosis. Among those with symptoms, abdominal pain was the most frequently reported (44,6%).

The characteristics of the patients, symptoms and the different treatment strategies employed are shown in table 1.

Table 1

Characteristics of the patients treatments schedules

Variable(n) (%)
Sex
Man
Woman

57 (55,3%)
46 (44,6%)
Age at diagnosis66 (15,4%)*
Symptoms
Asymptomatic
Abdominal pain
Constitutional syndrome
Fever
Intestinal Obstruction

37 (36%)
46 (44,6%)
13 (12,6%)
5 (4,8%)
2 (1,9%)
Treatment strategies
No treatment
Underlying disease
Analgesics
Corticosteroids
Surgery
Tamoxifen

33 (32%)
40 (38,8%)
15 (14,6%)
8 (7,8%)
4 (3,9%)
3 (2,9%)

[i] *Age is only varaible expressed with mean (SD).

CT was the most frequent diagnostic method (93 patients, 90%). In 6 patients, the diagnosis of MP was based on MR observations (5,8%). Among all these patients diagnosed by imaging techniques, the “fat ring sign” was only described in 26 (26,2%). Of all 103 patients diagnosed with MP, in only 14 (13,6%) was this diagnosis histologically confirmed. In 4 patients (3,8%) the diagnosis was based on histological findings in the surgical specimen without an imaging study suggesting MP before.

Diagnosed cases were examined per 5 year period (Table 2). The number of patients diagnosed with MP has increased over the time.

Table 2

Diagnosis rate through ages

Periods of recruitment(n) (%)
1994-1999
2000-2004
2005-2009
2010-2014
3 (2,9%)
3 (2,9%)
24 (23,3%)
73 (70,9%)
Total103

A factor related to MP was identified in 68 patients (66%). A malignant disease was identified in 26 patients (25,2%). In 35 cases (34%), no associated conditions were detected and MP in these patients was considered of idiopathic origin. Among the malignancies observed, the most common were lymphoma (11 patients, 10,7%) and colorectal cancer (8 patients, 7,8%). Complete results are shown in table 3. These malignancies were all detected at around the same time as the MP: in 66% they were diagnosed almost simultaneously (mean 8 days; range -19 to 43) and all were detected within a period of under 90 days (mean: 47 days; SD: 21 days).

Table 3

Diseases associated with MP diagnosis

(n) (%)
Previous abdominal surgical procedures18 (17,4%)
Intestinal resection due to previous diagnosis of malignancy6 (33,3%)
Intestinal resection due to benign disease6 (33,3%)
Gastric resection due to benign disease2 (11,1%)
Endometrial adenocarcinoma2 (11,1%)
Incarcerated hernia1 (5,5%)
Horseshoe kidney1 (5,5%)
Abdominal diseases18 (17,4%)
Acute pancreatis4 (22,2%)
Diverticulitis3 (16,6%)
Apendicitis3 (16,6%)
Acute cholangitis3 (16,6%)
Chronic pancreatitis2 (11,1%)
Inflammatory bowel disease2 (11,1%)
Cholecystitis1 (5,5%)
Rheumatologic diseases6 (5,8%)
Vasculitis2 (33,3%)
Idiophatic polymiositis2 (33,3%)
Sarcoidosis1 (16,6%)
Sjögren’s syndrome1 (16,6%)
Malignant conditions26 (25,2%)
Lymphoma11 (42,3%)
Colorectal cancer8 (30,7%)
Pancreatic adenocarcinoma3 (11,5%)
Gastric adenocarcinoma2 (7,6%)
Gynecological (ovarian)1 (3,8%)
Ampulloma1 (3,8%)
No associated conditions: idiophatic35 (34%)

Most patients required no treatment (33 patients, 32%) or treatment was targeted at the underlying disease (50 patients, 48,5%). Specific treatments for MP are included in table 1. Only 3 patients (2,9%) needed surgery to alleviate symptoms. As many as 78% of patients given specific treatment showed improved symptoms.

Factors related with the presence of malignancies including fat ring sign and maximum lymph node side and the presence of abdominal pain weren’t found in the univariate analysis in this study, so a multivariate analysis could not be performed.

Discussion

Mesenteric panniculitis is a rare disease of unknown origin. Studies have related MP to many conditions such as abdominal trauma and a wide spectrum of inflammatory disorders though a particularly strong association with numerous malignant diseases has been reported[2]-[6]. In our series, 25% of patients had a neoplasm associated with MP.

The first known series of MP comprising 34 cases was described in 1924[7]. Subsequent retrospective reports have had variable sample sizes; clinical studies usually including under 100 patients[3], [6], and epidemiological studies over 100 patients[4], [5], [8]. In recent years there have been few prospective studies[3], [9], [10].

MP is usually described as a rare disease. Studies including different population sizes (between 613 and 13.485 patients) have addressed its prevalence in radiological examinations. The smallest of these studies indicated a prevalence of 7,8%[9]. However, in the two largest studies a much lower prevalence of 0,6% was detected[2], [3]. Explanations for these discrepancies could be: 1) heterogeneity between the different study populations, 2) the use of different non-standardized diagnostic criteria, or 3) different diagnosis rates over time due to improved imaging technology[11] (as clearly seen in our study, table 2).

In our series, mean age at diagnosis was 66 years. This age is consistent with reports in which MP is most common in the fifth to seventh decades[5]. Most studies have revealed a predominance of men[9]. We detected a less pronounced male predominance than described by others, the male/female ratio being 1,3:1.

MP can be asymptomatic but is frequently associated with abdominal pain. Pain has been attributed to a direct mass effect on the bowel or on the vascular/lymphatic vessels. Similar to the figures reported for other patient series, 34% of our patients were asymptomatic and 64% had symptoms. The most common symptom observed was abdominal pain (44,6%), and this has been also described by other authors[6], [12].

Various predisposing factors for MP have been described such as abdominal trauma, rheumatic and abdominal inflammatory diseases, and malignancies[2], [3], [5]. In our series, 26 patients (25%) suffered from a neoplasm that was detected just before or after the diagnosis of MP (all within 90 days of diagnosis). Other studies have indicated similar rates of malignancies (10-23%)[6], [8], [9] while some authors have reported incidences of 38-70%[2]-[5], [10] though all but one of these studies detected rates <50%. This discrepancy in the incidence of malignancy among the different studies cannot be easily explained. Possible causes could be: i) a different frequency of abdominal imaging among the clinical settings; ii) differences in study period, study design, target population or geographical variations; iii) different radiological criteria used to diagnose MP since these have not been fully established or validated; iv) in the case of a clear diagnosis of MP, the radiologist could miss any mesenteric abnormality.

Despite such differences, reported rates of the main malignancies associated with MP have been similar. In our patients, the most frequent malignancies were lymphoma (11%) and colorectal cancer (8%), consistent with the findings of others. Cited figures have been 8%-12%[2], [3], [5] for lymphoma and 10-16% for colorectal cancer[2], [3], [5]. Apart from hematological or gastrointestinal tumors, other malignancies have been described practically case by case including non-uniform frequencies of ovarian, breast, prostate, lung and renal cancers, melanoma etc.

Some studies have addressed possible factors able to predict malignant disease. Wilkes et al.[5] related the radiological findings of lymph node size and fat ring sign to the detection of a neoplasm. However, as mentioned by these authors, given their small sample size and that these findings were only significant in the univariate analysis, the results could reflect a type 2 error. In effect, these radiological findings have not been linked to MP in other series. Indeed, we detected no variables predictive of malignancy including “fat ring sign”. Furthermore, in a recent case-controlled study neither did the authors identify any variable that could predict the presence of malignancy[3]. More recently, Van Putte-Katieret et al.[10] detected similar proportions of malignant disease in cases and controls, finding no variable able to predict a malignancy. However, it should be noted that the findings of this last study did indicate an increased incidence of cancer in the MP patients over 5 years of follow up (14,6% MP vs 6,9% controls). This is a novel feature of the clinical significance of MP[10].

Our study has several limitations: 1) MP was histologically confirmed in only 13,6% of patients; 2) it was a unicenter, retrospective study; 3) its small sample size could mean underreporting of MP by the radiologist, who may consider it a finding rather than a diagnosis and also only focus on the more evident radiological signs of its associated diseases; and 4) the heterogeneity of this disease (many presentations, many associated diseases) makes it difficult to identify significant univariate or multivariate correlations.

There is no consensus as to the best treatment option for MP[6], [13], [14]. The first approach is treating the underlying disease, which may resolve the problem and improve symptoms. In asymptomatic patients, no treatment is a good option. The treatment options used in our patients were similar to those recommended by others and included corticosteroids, tamoxifen, hormone treatment, thalidomide, analgesics and colchicines[6], [12]-[17]) Surgery is only indicated if there are symptoms arising from the presence of a mass such as obstruction signs or intractable pain[12].

Conclusions

In 25% of our study population, MP was related to malignancy. The tumors most frequently detected were lymphoma and colorectal cancer. Treating physicians might consider complementary exams to assess these tumors. No associated disease (idiopathic) was seen in 34% of our patients and no epidemiological, clinical or radiological factors could be linked to malignant disease. Larger series and prospective studies are required to clarify the significance of MP and its relationship with malignancy. However, a diagnosis of MP should alert the treating physician about the possible paraneoplastic nature of this disease.

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